|

Estamos perdiendo el monte. Durante siglos fue una fuente de recursos para la economía de subsistencia: proporcionó alimento y cama para el ganado, frutos y madera, que se explotaba con talas regulares e incluso se utilizaba a modo de peculiar hucha, reservando determinados ejemplares para el momento en que había que afrontar algún gasto especial.
El cambio en el modelo económico y el éxodo de población de la aldea a la ciudad llevó consigo el progresivo abandono de los montes, sin que los sucesivos gobiernos hayan sido capaces de alumbrar sistemas alternativos para explotar una de las grandes riquezas de Galicia.
Hubo reiterados intentos aislados de búsqueda de alternativas y se destinaron año tras año ingentes cantidades de recursos públicos a afrontar las consecuencias, en forma de incendios forestales, mientras paradójicamente se escatimaban para actuar sobre las causas del problema.
Durante el bipartito, el sello de seriedad que imprimió Suárez Canal a su gestión al frente de la Consellería de Medio Rural se extendió al estudio de alternativas para el depauperado medio rural, que no llegaron a dar los frutos esperados, por falta del tiempo necesario para su maduración y desarrollo según un sector de opinión o por un sesgo excesivamente intervencionista, en valoración de otros.
El equipo de Samuel Juárez al frente de la misma consellería presenta ahora un nuevo modelo de gestión, que se pretende más flexible y adaptado a la realidad gallega. Nada que objetar en principio, salvo el empeño en resaltar defectos del que alumbró el bipartito y que hacen pensar más en lucha partidaria que en búsqueda de solución. En un país de hondas raíces rurales y que tiene en su patrimonio natural uno de sus más claros signos de identidad, el monte debe merecer un esfuerzo especial de suma e integración de puntos de vista en vez de la simple confrontación de modelos.
Autor: Alfredo Vara. La Voz de Galicia
 |