La desertificación

 

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha elaborado un informe en el que analiza los procesos, causas y consecuencias de la desertificación con una atención especial a los países hispanoamericanos.

 

Concepto de desertificación

En 1977, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Desertificación definió así el concepto de desertificación:

 

"La desertificación es la disminución o la destrucción del potencial biológico de la tierra y puede desembocar en definitiva en condiciones de tipo desértico. Constituye un aspecto del deterioro generalizado de los ecosistemas y ha reducido o liquidado el potencial biológico, es decir, la producción vegetal y animal, con múltiples fines, en un momento en el cual es necesario aumentar la productividad para mantener a un número creciente de personas que aspiran al desarrollo".

 

Esta definición resultó inadecuada cuando en diferentes partes del mundo se trató de realizar una evaluación cuantitativa de la desertificación. Científicos, instituciones científicas y organismos de ejecución desarrollaron una serie de definiciones.

Una definición más precisa se hacía necesaria, especialmente por la necesidad de distinguir entre la desertificación y el fenómeno de las oscilaciones cíclicas de la productividad de la vegetación en los márgenes del desierto ("expansión o contracción del desierto") revelado por datos obtenidos por satélite y relacionado con las fluctuaciones climáticas.

Basándose en estudios especiales y en amplias deliberaciones, una reunión consultiva especial sobre la evaluación de la desertificación convocada por el PNUMA en Nairobi en febrero de 1990 adoptó una definición de la desertificación en los siguientes términos:

 

"Por desertificación/degradación de la tierra se entiende, en el contexto de la evaluación, la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas derivadas de los efectos negativos de actividades humanas. Con arreglo a ese concepto, la tierra incluye el suelo y los recursos hídricos locales, la superficie de tierra y la vegetación o cultivos. La degradación entraña una reducción del potencial de recursos debido a un proceso o combinación de procesos que actúan sobre la tierra. Esos procesos incluyen la erosión hídrica, la erosión eólica y la sedimentación por esos agentes, la reducción a largo plazo de la cantidad o diversidad de vegetación natural, y la salinización o sodificación".

 

El Consejo de Administración del PNUMA, en su 16o. período de sesiones, celebrado en Mayo de 1991, en su decisión 6/22 D, indicó que era " necesario seguir precisando la definición del concepto de desertificación,teniendo en cuenta los descubrimientos recientes sobre la influencia de las fluctuaciones climáticas y sobre la capacidad de recuperación de los suelos".

Teniendo presentes las citadas consideraciones y los resultados de otros estudios y consultas emprendidos por el PNUMA, finalmente se adoptó en preparación a la Conferencia de las Naciones para el Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD) la siguiente definición:

 

"La desertificación es la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas derivadas fundamentalmente de los efectos negativos de actividades humanas".

 

El concepto de desertificación según la FAO es definido como:

 

"La expresión general de los procesos económicos y sociales, así como de los naturales e incluidos por el hombre, que rompen el equilibrio del suelo, la vegetación, el aire y el agua, ruptura que ocasiona la disminución o destrucción del potencial biológico de la tierra, la degradación de las condiciones de vida y la expansión de los desiertos".

 

En la región de América Latina y el Caribe, existen países con superficies secas de extensión considerable, tales como Argentina, Brasil, México, Bolivia, Perú y Chile, pero la mayoría sufren los efectos de la disminución de la productividad de las tierras, y realizan actividades coincidentes con la lucha contra la desertificación en las tierras secas.

 

Definiciones según la convención de las Naciones Unidas de lucha contra la desertificación

Por "desertificación" se entiende la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas; Por "lucha contra la desertificación" se entiende las actividades que forman parte de un aprovechamiento integrado de la tierra de las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas para el desarrollo sostenible y que tienen por objeto:

 

(i) la prevención o la reducción de la degradación de las tierras,

(ii) la rehabilitación de tierras parcialmente degradadas, y

(iii) la recuperación de tierras desertificadas;

 

Por "sequía" se entiende el fenómeno que se produce naturalmente cuando las lluvias han sido considerablemente inferiores a los niveles normales registrados, causando un agudo desequilibrio hídrico que perjudica los sistemas de producción de recursos de tierras;

Por "mitigación de los efectos de la sequía" se entiende las actividades relativas al pronóstico de la sequía y encaminadas a reducir la vulnerabilidad de la sociedad y de los sistemas naturales a la sequía en cuanto se relaciona con la lucha contra la desertificación;

Por "tierra" se entiende el sistema bioproductivo terrestre que comprende el suelo, la vegetación, otros componentes de la biota y los procesos ecológicos e hidrológicos que se desarrollan dentro del sistema;

Por "degradación de las tierras" se entiende la reducción o la pérdida de la productividad biológica o económica y la complejidad de las tierras agrícolas de secano, las tierras de cultivo de regadío o las dehesas, los pastizales, los bosques y las tierras arboladas, ocasionada, en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, por los sistemas de utilización de la tierra o por un proceso o una combinación de procesos, incluidos los resultantes de actividades humanas y pautas de poblamiento, tales como:

 

(i) la erosión del suelo causada por el viento o el agua,

(ii) el deterioro de las propiedades físicas, químicas y biológicas o de las propiedades económicas del suelo, y

(iii) la pérdida duradera de vegetación natural;

 

Por "zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas" se entiende aquellas zonas en las que la proporción entre la precipitación anual y la evapotranspiración potencial está comprendida entre 0,05 y 0,65, excluidas las regiones polares y subpolares;

Por "zonas afectadas" se entiende zonas áridas, semiáridas o subhúmedas secas afectadas o amenazadas por la desertificación;

Por "países afectados" se entiende los países cuya superficie incluye, total o parcialmente, zonas afectadas;

 

Procesos de la desertificación

Existen siete procesos que son responsables de la desertificación, a saber: degradación de la cubierta vegetal, erosión hídrica, erosión eólica, salinización, reducción de la materia orgánica del suelo, encostramiento y compactación del suelo y la acumulación de sustancias tóxicas para las plantas o los animales.

De éstos, los cuatro primeros son considerados procesos primarios de desertificación y los tres últimos secundarios. Los procesos primarios son llamados así porque sus efectos son amplios y tienen un impacto muy significativo sobre la producción de la tierra.

Cabe señalar, que el proceso de desertificación se evalúa en base a tres criterios: estado actual, velocidad y riesgo, y para cada uno de estos criterios se consideran cuatro clases de desertificaciòn: ligera, moderada, severa y muy severa.

Degradación de la cubierta vegetal (Deforestación). Esto se refiere a la remoción o destrucción de la vegetación existente en un área determinada.

Erosión hídrica. Es el proceso de remoción del suelo, principalmente la capa arable del mismo, por la acción del agua, el proceso de erosión hídrica se acelera cuando el ecosistema es perturbado por actividades humanas tales como la deforestación y/o el cambio de uso del suelo (explotación agrícola, pecuaria, forestal, vías de comunicación, asentamientos humanos, entre otros).

Erosión eólica. Se define como el desprendimiento y arrastre de las partículas del suelo ocasionados por el viento.Este tipo de erosión en las zonas áridas y semiáridas se debe, principalmente, principalmente, al sobrepastoreo que destruye o altera a la vegetación natural, a la tala inmoderada y a las prácticas agrícolas inadecuadas.

Salinización.Es el deterioro de los suelos por el incremento en el nivel de sales solubles que reduce su capacidad productiva, generalmente se da cuando existe un desbalance hídrico y salino que favorece la concentración de las sales.

Reducción de la materia orgánica del suelo.Proceso causado indirectamente a causa de la pérdida de la vegetación, la cual provée de los nutrientes orgánicos del suelo.

Encostramiento y compactación del suelo. Este fenómeno se presenta como consecuencia de los procesos ya mencionados; cuando hay escasez de materia orgánica, suelos ricos en limo y arcilla; y una constante utilización de maquinaria agrícola o sobrepastoreo.

Acumulación de sustancias tóxicas para las plantas o los animales.Este es otro proceso secundario promovido por el uso excesivo de fertilizantes y métodos químicos de control de plagas, los cuales envenenan el suelo causando la pérdida de la cubierta vegetal y por consecuencia los otros procesos descritos.

La desertificación afecta aproximadamente a la sexta parte de la población mundial; al 70 % de todas las tierras secas, equivalente a 3, 600 millones de hectáreas y a la cuarta parte de la superficie total de tierras del mundo.

 

Causas de la desertificación

La desertificación es la degradación de las tierras secas. Este proceso consiste en la pérdida de la productividad y complejidad biológica o económica de las tierras agrícolas, los pastizales y las regiones forestadas, y se debe principalmente a la variabilidad climática y las actividades no sostenibles del hombre.

Las formas más comúnes de utilización no sostenible de la tierra son el sobrecultivo, el pastoreo excesivo, la deforestación y las prácticas inadecuadas de riego. El 70% de las tierras secas de todo el mundo (con excepción de los desiertos hiperáridos), o sea 3,600 millones de hectáreas, están degradadas.

A pesar de que la sequía se asocia a menudo con la degradación de tierras, es un fenómeno natural que ocurre cuando durante mucho tiempo se registran lluvias muy por debajo de los niveles normales.

Las tierras secas se adaptan rápidamente a las fluctuaciones climáticas. Por definición, las tierras secas tienen abastecimientos limitados de agua dulce. Las precipitaciones pueden variar en forma considerable en el curso de un año y, además de estas variaciones estacionales, se producen grandes fluctuaciones que duran años y décadas, lo que con frecuencia conduce a sequías.

A lo largo del tiempo, la ecología de las tierras secas se ha ido armonizando a esta variabilidad de la humedad: las plantas y los animales pueden adaptarse a ella rápidamente; por ejemplo, las imágenes por satélite han mostrado que la frontera vegetal al sur del Sahara puede desplazarse hasta una distancia de 200 km cuando a un año lluvioso sigue uno seco, y viceversa.

Las personas deben asimismo ajustarse a estas fluctuaciones naturales. Los recursos biológicos y económicos de las tierras secas, en particular la calidad del suelo, los suministros de agua dulce, la vegetación, y los cultivos, se deterioran fácilmente. La gente ha aprendido a proteger dichos recursos con estrategias ancestrales, como la agricultura migratoria y el pastoreo nómada.

No obstante, en los decenios recientes estas estrategias se han vuelto menos prácticas, en virtud de las cambiantes circunstancias económicas y políticas, el crecimiento demográfico y la tendencia hacia una mayor sedentarización de las comunidades. Cuando los administradores de tierras no pueden adaptarse con flexibilidad a las variaciones del clima, el resultado es la desertificación.

La prioridad relativamente escasa que se da a la protección ambiental a menudo conduce a adoptar decisiones inadecuadas para la explotación de tierras. El aprovechamiento excesivo de las tierras puede deberse a circunstancias económicas específicas, o a legislaciones y prácticas territoriales inadecuadas.

En muchos casos, el acceso sin reglamentar a los recursos de tierras en detrimento de los intereses de la comunidad. La gente pobre, y en especial las mujeres necesitadas, con frecuencia no pueden acceder a las mejores tierras, y dependen de las áreas y los recursos más frágiles. Quizá la pobreza no les deje otra alternativa que extraer lo que pueden de los escasos recursos de que disponen, aunque ello implique degradar las tierras.

Los mercados económicos internacionales pueden promover una explotación excesiva de las tierras. Las pautas de comercio internacionales pueden conducir a la explotación a corto plazo de los recursos locales destinados a la exportación, dejando un pequeño margen de ganancia a nivel comunitario para gestionar o rehabilitar las tierras.

Análogamente, el desarrollo de una economía basada en los cultivos comerciales o la imposición fiscal pueden distorsionar los mercados locales y fomentar la explotación excesiva de las tierras.

La ignorancia, los errores, los desastres naturales y los de origen humano también pueden contribuir a la degradación de tierras. La ignorancia del medio ambiente natural desempeñó un papel importante en la aparición en los Estados Unidos del terrible "Desierto de Polvo" (Dust Bowl) de la década de 1930; una de las medidas erróneas fue que los agricultores del Medio Oeste utilizaron en una época de sequía arados que estaban diseñados para las latitudes más templadas de Europa occidental.

En las décadas recientes, equivocaciones similares en la elección de políticas o tecnologías han conducido a la degradación de tierras en muchos países, desarrollados y en desarrollo. Catástrofes tales como guerras y otras emergencias nacionales degradad asimismo las tierras productivas, al desplazar al personal que gestiona las tierras o concentrar grandes númerod de emigrantes que sobrecargan una zona específica. Los desastres naturales como las inundaciones y sequías pueden tener efectos similares.

¿Qué papel desempeña el crecimiento de la población y de la densidad de población? Es tentador concluir que la expansión demográfica es la causa fundamental de la desertificación. Un número mayor de personas en un área dada ejerce inevitablemente una mayor demanda de los recursos naturales de esa zona; algunas veces dicha presión es indirecta, como cuando las crecientes poblaciones urbanas exigen una cierta producción de alimentos en áreas rurales de poca densidad, pero las causas de la desertificación son complejas y es difícil establecer una relación clara entre dos variables puede resultar en la desertificación, al faltar el número de personas suficientes para explotar las tierras en forma apropiada.

Numerosas terrazas en los flancos de las colinas en el Yemen se han deteriorado como consecuencia del éxodo de la mano de obra hacia los ricos países petroleros vecinos.

 

Consecuencias de la desertificación

La desertificación disminuye la resistencia de las tierras ante la variabilidad climática natural.El suelo, la vegetación, los suministros de agua dulce, y otros recursos de las tierras secas en general son resistentes, es decir que pueden recuperarse después de sufrir perturbaciones climáticas como la sequía y efectos provocados por el hombre, como el pastoreo excesivo.

Sin embargo, cuando las tierras se degradan, esta capacidad de recuperación se reduce sustancialmente, lo que conlleva repercusiones físicas y socioeconómicas.

El suelo se vuelve menos productivo. Los vientos y la lluvia pueden llevarse la capa superficial expuesta y erosionada de las tierras. La estructura física y composición bioquímica del suelo puede empeorar, formándose hondonadas y grietas, en tanto que el viento y el agua pueden eliminar nutrientes vitales.

Si el nivel freático sube debido a un avenamiento (formación de canales y vias de infiltración) inadecuado y a prácticas de irrigación deficientes, el suelo puede anegarse y la salinidad aumentar. Cuando el ganado pisotea y compacta el suelo, éste puede perder su capacidad para el cultivo de plantas y la conservación de la humedad, lo que aumentará la evaporación y la escorrentía superficial.

La vegetación se deteriora. La pérdida del manto vegetal es a la vez una consecuencia y una causa de la degradación de la tierra. Un suelo suelto puede marchitar las plantas con ráfagas de polvo, puede enterrarlas o dejar sus raíces peligrosamente expuestas. Cuando los pastizales se explotan excesivamente con demasiados animales o con tipos inapropiados, pueden desaparecer especies de plantas comestibles, lo que permitirá la invasión de plantas no comestibles.

Algunas de las consecuencias afectan a las personas que viven lejos del área afectada. La degradación de tierras puede ocasionar inundaciones aguas abajo, disminuir la calidad del agua y aumentar la sedimentación en ríos y lagos y la deposición de lodos en pantanos y vías de navegación.

Puede asimismo provocar tempestades de polvo y contaminar el aire, lo que a su vez daña las máquinas, reduce la visibilidad, aumenta los depósitos de sedimentos indeseables y ocasiona presiones sobre el suelo. Las ráfagas de polvo también pueden empeorar los problemas de salud, como las infecciones oculares, enfermedades respiratorias y alergias.

Peligra la producción de alimentos. Se considera a la desertificación como un importante problema ambiental a nivel mundial, sobre todo por el vínculo que existe entre la degradación de tierras secas y la producción alimenticia. Para asegurar una dieta nutritiva adecuada a la creciente población mundial, será necesario triplicar la producción de alimentos durante los próximos 50 años, empresa difícil de lograr, aun bajo circunstancias favorables.

Si no se detiene o revierte la desertificación, la producción de alimentos en muchas áreas afectadas disminuirá, lo que puede causar malnutrición y en última instancia hambrunas. No obstante, la relación que existe entre la degradación de las tierras y el rendimiento de los cultivos raras veces es simple: afectan la productividad numerosos factores como el clima, las enfermedades y plagas, los métodos de cultivo y los mercados externos y demás factores económicos.

La desertificación contribuye a crear situaciones de hambre.

Las hambrunas ocurren generalmente en zonas donde reinan la pobreza, la agitación social o las guerras. La sequía y la degradación de tierras a menudo desencadenan crisis que se agravan con la falta de una distribución de alimentos adecuada y la imposibilidad de adquirir lo que hay.

La desertificación conlleva enormes costos sociales. Hay una creciente percepción de los vínculos que existen entre la desertificación, los desplazamientos civiles y los conflictos. En Africa muchas personas han debido desplazarse internamente o emigrar a otros países a causa de la guerra, la sequía o la degradación de tierras.

Los recursos naturales en las ciudades y sus alrededores, y en los campamentos de refugiados sufren una intensa presión. Las difíciles condiciones de vida y la pérdida de identidad cultural socavan aun más la estabilidad social.

 

La desertificación en América Latina y el Caribe

La Región de América Latina y el Caribe tiene una extensión territorial de 20.18 millones de Km2, en donde el 5.27 millones son por tierras secas, de las cuales el 70 % presentan vulnerabilidad y grados avanzados de desertificación.

En general, en América Latina y el Caribe existe una deficiente integración entre las actividades agrícolas de riego, agrícola y de temporal, pastizales y bosques, lo cual favorece el avance de la degradación física y biológica de los ecosistemas, por no contar con una planeación integral.

La población rural en muchos países de la región es mayor del 60%, lo cual indica que dependen principalmente de las actividades pecuarias y forestales y que, en aquellos casos que no hay planeación adecuada de los diversos usos del suelo, se tiene el peligro del avance de la desertificación.

Aunque la mayoría de países de la región, formada por 27 países, no tiene zonas secas en cantidad significativa, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Perú enfrentan severos problemas de sequía y amplias superficies secas a la vez que todos los 32 países tienen serios problemas de degradación de tierras que afectan a una población generalmente en condiciones de pobreza, pobreza extrema y marginalidad inaceptables.

El fenómeno de la desertificación y la degradación de la tierra en América Latina y el Caribe, se puede caracterizar de la siguiente manera: 250 millones de hectáreas de tierras son afectadas por la desertificación en América del Sur; 63 millones de hectáreas son afectadas por la desertificación en Mesoamérica; la erosión del suelo es la principal amenaza (68 % en América del Sur y 88% en Mesoamérica del total de las tierras afectadas en cada subregión); en América del Sur, 100 millones y 70 millones de hectáreas han sido degradadas debido a la deforestación y sobrepastoreo, respectivamente; en el Caribe, la urbanización acelerada y mal planificada ha resultado en la pérdida de tierras para uso agrícola, protección de cuencas y conservación de la biodiversidad; la población más vulnerable debido a la migración hacia las ciudades en búsqueda de nuevas oportunidades, por la degradación de las tierras, son las mujeres y los niños; la sequía y la desertificación traen como resultado la pobreza, la ruptura de estructuras sociales e inestabilidad económica; las pérdidas totales debido a la desertificación en la región, podrían alcanzar cifras de hasta 2 mil millones de dólares por año; de acuerdo a cifras del PNUMA es necesario hacer inversiones de hasta 13,000 millones de dólares para restaurar las tierras degradadas de la región.

El deterioro de los recursos naturales con los que cuentan las zonas áridas de América latina ha agravado las condiciones de pobreza rural, ya que la disminución y en ocasiones el agotamiento del potencial productivo de los ecosistemas, impiden o limitan el incremento de los productores.

Casi las tres cuartas partes de las tierras secas de América Latina se hallan moderada o gravemente desertificadas. Se menciona la frecuente aplicación en las zonas afectadas, de modelos de desarrollo no sostenibles y se señalan la fuerte reducción de la productividad, el empobrecimiento y otras gravísimas consecuencias sociales de esas prácticas de desarrollo.

Los programas de desarrollo rural no acordes a las condiciones ambientales y sociales, que prevalecen en las zonas áridas de nuestra región han tendido por una parte a marginar las comunidades en la elaboración, instrumentación y evaluación de programas; y por la otra han impulsado formas de producción que, en algunos casos, involucran tecnologías inadecuadas para el aprovechamiento racional de los recursos naturales, alentando el uso indiscriminado de agroquímicos en la agricultura, el aprovechamiento desmedido de la vegetación natural a través de la ganadería de tipo extensivo y la explotación irracional de los recursos forestales, así como un inadecuado uso y mal manejo del agua.

Todo ello ha propiciado la generación de efectos nocivos, en ocasiones irreversibles, como la contaminación del suelo y el agua, erosión, el sobre pastoreo, la deforestación y en general la desertificación, que afectan en diversos grados una considerable porción del territorio de América Latina y el Caribe.

Lo alarmante es que la desertificación se retroalimenta de forma voraz y sus consecuencias son extremadamente graves, principalmente para las poblaciones rurales pobres que, al verse afectadas en su calidad de vida, reaccionan intentando satisfacer sus necesidades e intensifican la ya excesiva explotación de los recursos naturales, desertificando aún más el ecosistema y provocan, en muchas ocasiones, que la gente migre a otras regiones; de tal forma que la ruptura del equilibrio natural del ecosistema desencadena una ruptura social: la de la comunidad e incluso la del núcleo familiar.

Es en este sentido que se tiene que entender que la lucha contra la desertificación y la lucha contra la pobreza son dos variantes de un mismo objetivo, que busca el manejo Sostenible de los recursos naturales con el fin de promover el desarrollo rural y, con ello, mejorar las condiciones de vida de los habitantes de América latina y el Caribe

Por último, podemos decir que el avance de la desertificación es un desafío internacional, en el que deben de comprometerse e involucrarse organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, así como también las instituciones competentes en el tema de cada uno de los países en cuestión, pues se ha demostrado que la prevención es más eficaz y menos costosa que la rehabilitación de las tierras afectadas por la desertificación.

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