La edición de este año de la feria del mueble de Valencia, Habitat, se reinventa con un concepto de diseño de calidad y una búsqueda de nuevos nichos de mercado. El certamen que comienza mañana reflejará la difícil situación que atraviesa el sector pero también dará testimonio de su empeño decidido de superar tan negativa coyuntura.
Las perspectivas antes del verano no eran nada halagüeñas para un certamen que cuando todavía no había consolidado el nuevo concepto seguía tanteando formatos y ni siquiera tenía un presidente al frente. Las rigideces crediticias añadían dificultades a un sector que veía además como el descenso del consumo se cebaba con él. Se temía una feria triste y descolorida. Sin embargo, la situación se ha reconducido y pese a la reducción de suelo y expositores, el entusiasmo de quienes la animan permite incluso ser optimistas.
La Feria ha conectado con las organizaciones empresariales, con los institutos y las propias compañías para diseñar un certamen que se pretende exigente, con una fuerte vocación por primar el diseño y con gran proyección exterior.
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La lista de invitados que expositores y asociaciones sectoriales han inspirado este año refleja un denodado esfuerzo en la búsqueda de nuevos mercados.
Más de 1.000 empresas procedentes de 78 países han confirmado su asistencia al encuentro ferial. La representación más numerosa corresponde a profesionales de Rusia y repúblicas ex soviéticas. Su presencia confirma que su irrupción en el mercado hace dos o tres años con el respaldo de los petrodólares se ha consolidado. Lo que pudo parecer una pasajera alternativa a los tradicionales destinos del mueble valenciano se concreta en un mercado que perdura en el tiempo, más allá de la moda de una temporada.
Tras los rusos, el mayor número de compradores proceden de Portugal, Francia, Holanda, Bélgica, Alemania e Italia. La vieja Europa sigue siendo un socio comercial de primer orden para nuestro mueble.
También se espera destacada presencia de compradores de Emiratos Árabes, Kuwait, México, Chile o Brasil. Sin embargo, el elemento diferencial este año y que puede deparar sorpresas es la llegada de compradores africanos. Acudirán prescriptores de Marruecos, Nigeria y Argelia, algunos de ellos ya conocidos, pero también se contemplan como mercados potenciales Angola, Sierra Leona, Ghana o República del Congo.
Ignacio Mateu, director del certamen, se muestra convencido de que esta selección de compradores y expositores se concretará en un buen volumen de negocio que además abrirá puertas de nuevos mercados.
Vicente Folgado, presidente de la Federación Empresarial de la Madera y Mueble de la Comunidad Valenciana (Fevama) coincide con Mateu en la idoneidad de la selección y en la previsión de éxito: «Se van a ver nichos de mercado sorprendentes pero que resultarán muy interesantes». Explica que los árabes siguen comprando mueble, pero han cambiado su estilo: «Ya no compran el mismo tipo de mueble, ahora las nuevas generaciones se alejan del modelo tradicional y buscan más modernidad y diseño». También corrobora la vigencia del mercado ruso que no han aflojado el fuerte tirón de ventas de pasadas ediciones. Pero el mueble se abre a nuevos territorios. «África puede ser la gran sorpresa. Hay mucho comprador africano al que le gusta el mueble valenciano, quizá por que conocen bien la madera», explica.
Los países del norte y centro de África se presentan como una opción de desarrollo futuro. Se trata de mercados irregulares, donde el consumidor no corresponde a clase media, pero que cuentan con elites locales con capacidad adquisitiva y que encuentran en el mueble valenciano elementos que les sirven para marcar su distinción social.
Tampoco se deja de lado el mercado de EEUU y Canadá, pero Folgado reconoce que su gran potencial se ve lastrado comercialmente por la debilidad del dólar.
El certamen cambia. Como dice su director, incorpora «un componente emocional» para que quienes la visiten de fuera vean más allá de una fría exposición, contemplen el escenario de vida donde prima la fuerza de la imaginación y el diseño.
Pero es que no sólo cambia el formato, el propio concepto de feria está evolucionando. «Hace unos años acudir a una feria era una oportunidad de hacer negocio y el éxito estaba en el número de encargos que se cerraban durante el certamen. Ahora ya no se trata de eso porque la feria es un escaparate al mundo donde te das a conocer. Luego la gestión de tus negocios se prolonga fuera del certamen», explica Folgado.
Para el presidente de los empresarios de la madera y el mueble, ahora ya no tienen sentido las pequeñas ferias porque «en una economía global prima lo global y cada feria tiene que buscar convertirse en referente internacional de un sector». Por eso en esta edición se han incorporado varios subsectores que antes tenían su propio certamen. «Ahora el nuevo modelo exige una oferta conjunta, global, donde puedas encontrar en un mismo escaparate todo cuanto necesitas del hábitat», señala.
En realidad, el camino ya lo empezó a andar esta feria cuando dejó de ser un certamen del mueble y se transmutó en Hábitat. A juicio de Folgado, este mismo camino es el que va siguiendo el sector. «Tenemos que considerar que queda caduca la idea de la empresa como una isla», destaca. A su modo de ver hay que abrir puertas y ventanas para que proveedor, fabricante y distribuidor puedan aliarse. «La cooperación y las alianzas estratégicas entre fabricantes abren un nuevo horizonte de posibilidades porque hay empresas cuyos productos completan los de otra», explica Folgado; y el ejemplo lo sirve Mateu que cuenta cómo una empresa que recibía un encargo de Sudán para decorar un palacete hace extensiva esa invitación a firmas de otros subsectores y constituyen un proyecto global.