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La imagen idílica se ha borrado. Extremadura y su dehesa no hermosean como antaño. Mejor dicho, como sólo hace dos años. El otoño de 2008 no fue bueno, pero el de este ejercicio presenta un rostro aún más penoso. El campo y quienes viven de él miran al cielo de manera desesperada. La sequía se ha instalado y amenaza con revivir nefastas épocas pasadas que algunos parecían haber olvidado.
La ausencia de lluvias (el año hidrológico se ha cerrado, según Meteorología, con un déficit medio de 50 por ciento en la región y de un 60-65 por ciento en determinadas zonas) puede llevarse por delante, a corto plazo, una excepcional campaña de bellotas. La solución a la incógnita tiene fecha de caducidad: si no llueve de forma normal en quince días, la montanera extremeña estará tocada.
Con el fantasma del coste de los piensos necesarios para el engorde de los cerdos, la sequía sólo complica aún más la vida a los ganaderos, aunque no son los únicos. Los productores de aceituna también están inquietos. La versión general es que hay muchas en los olivos pero les falta coger peso con el agua otoñal, como sucede con el fruto de la encina. También es fundamental para la aparición de los pastos verdes, imprescindibles también para la alimentación final del cerdo ibérico.
«La cosa está seria y se puede poner peor. Por la sequía hemos perdido entre el 30 y el 35 por ciento de la cosecha de la uva y por la sequía hemos perdido entre el 20 y el 25 por ciento de la cosecha de cereales», incide Bibiano Serrano, presidente de la organización agraria Apag Asaja Extremadura. «Aún tenemos esperanza de que el panorama pueda cambiar. Octubre es un mes clave. En realidad me atrevería a decir que la primera quincena», añade el responsable de ganadería de Upa-Uce, Antonio Prieto.
A pie de terreno, los ganaderos del porcino, subsector vital para la economía extremeña, no esconden su gran preocupación. Tradicionalmente miraban a la Feria Internacional Ganadera de Zafra para aventurar como iba a ser la campaña. Y si durante la Feria llovía, la campaña sería buena. Es el termómetro de todos los años. El martes pasado fue San Miguel, y llovizneó. Un día después, también. Pero en Zafra no hay alegría estos días... ni se le espera.
Un tratante ganadero, experto conocedor del certamen zafrense, lo comenta expresivamente al diario HOY. «Como no caiga un diluvio, aquí no se arregla nada. Demasiado mal estamos ya para que ahora la sequía venga. Sería como darnos la puntilla», afirma.
Datos
Los augurios de los hombres del tiempo hablan de un otoño «normal» en cuanto a lluvias y temperaturas, pero eso son previsiones y nada optimistas. De momento, para la semana que entra no se vislumbra agua en proporción suficiente.
«Si la 'otoñá' rompe sin llover, la montanera no será completa y bellota hay mucha, pero se echará a perder pronto si no hay agua», sentencia entre lamentos José Román Caro, ganadero porcino de Salvatierra de los Barros, en la Sierra Suroeste, una de las principales comarcas productoras y exportadoras de cerdos ibéricos.
Por montanera, hay que aclarar, se entiende el periodo que transcurre entre principios del otoño y finales del invierno en el que el cerdo ibérico engorda, antes de su sacrificio, a base de hierba y bellota (si es posible). Ahora mismo hay lo segundo, pero con alto riesgo de que sea casi inútil por falta de lluvia, pero lo primero no existe.
El espectacular color verde de las fincas adehesadas no aparece ni en pintura. Casi todas se parecen más a un secarral, aunque la enorme extensión de nuestra comunidad autónoma (41.600 kilómetros cuadrados) hace que haya manchas forestales más húmedas en unos puntos (las menos) que en otros.
Los datos del Centro Meteorológico de Extremadura apuntan a que, desde mayo, las precipitaciones han sido mínimas, en julio y agosto han sido nulas y en el recién terminado septiembre, escasas. Sirvan como ejemplos que en Trujillo se recogieron 17,8 litros; en Llerena, 14,4; en Alburquerque, 11 y en Jerez de los Caballeros apenas ¡2,6! litros por metro cuadrado. Todas ellas importantísimas áreas ganaderas.
Por si fuera poco, la conocida como 'seca', un hongo que ataca a encinas y alcornoques hasta matarlos, se extiende y agrava la situación de un sector en la UVI desde hace tres campañas cuando reventó de éxito.
Regadíos
La dehesa, si no se arregla el asunto, será la primera gran afectada por la sequía, pero, tras ella, llegarán otro subsector relevante para la economía regional: los regadíos. Ahora mismo hay cinco zonas en las que con las reservas actuales no están garantizados los riegos. Son: Piedra Aguda, Jerez de los Caballeros, Tiétar, Gabriel y Galán, Borbollón y Salor. En el Guadiana hay embalsados 3.000 hectómetros cúbicos, y las necesidades anuales sólo para el riego son de 1.000 hectómetros.
El detalle de la situación en las presas estatales de esa cuenca indica que existe emergencia (no hay agua para más de un año) en la mancomunidad de Cornalvo, la de Tentudía, Jerez y pedanías, Zafra, Feria y Aceuchal; en régimen de alerta (reservas para uno o dos años) están Mérida, Almendralejo, Olivenza, Valverde de Leganés y mancomunidad de Llerena. En el Tajo hay 3.800 hectómetros cúbicos en reservas de presas estatales frente a unas necesidades agrícolas anuales de 600. En emergencia están los riegos del Salor, y en alerta el abastecimiento a la ciudad de Cáceres y mancomunidad del Árrago más los riegos de esta última zona y los del Alagón.
Fuente: Hoy
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