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La trufa negra, el denominado oro negro de la cocina, va a menos. La producción de Els Ports, una de las zonas más apreciadas de la provincia de Castellón, merma año tras año. Aunque no hay datos oficiales, quienes se dedican a la truficultura de una manera directa o indirecta cifran la caída en más de la mitad respecto a lo que llegaba a los mercados hace una década.
Jorge Membrado, del Consell Regulador de la Tòfona, estima que este año la producción «es entre un 60% y un 70% inferior a una campaña normal». Y explica gráficamente cómo se ha invertido la tendencia de hace unos años a esta parte: «En los últimos diez años, hemos tenido siete malos, dos normales y uno bueno. La década anterior era al revés y en los años 80 casi todas las campañas eran buenas».
«Algo está pasando en la producción que hace que la tendencia sea a desaparecer», vaticina Membrado, quien matiza que «siempre habrá trufa, pero tan poca que no será rentable su comercialización». Y eso a pesar de que la trufa de Els Ports es una de las más apreciadas por la alta cocina. «Es mucho más natural y más aromática que las de otras zonas productoras», dice. Pero lo cierto es que está de capa caída y las iniciativas de micorrización nunca han calado entre los productores más allá de experiencias puntuales. «Los resultados no son todo lo buenos que se esperaba», justifica Membrado.
Joan Juan, un gran conocedor de la truficultura, suscribe las afirmaciones del integrante del Consell Regulador de la Tòfona. «Las experiencias de micorrizaciones han dado resultados muy pobres y han sido pocos los que se animaron a fomentar el cultivo de este hongo pese a que entre 1993 y 1999 se concedían ayudas del 100% para realizar las plantaciones».
Y es que la trufa no crece en cualquier sitio. «Este hongo se encuentra en zonas calcáreas, con un ph de entre 5 y 7 y una altitud que va de los 400 a los 1.200 metros. Y requiere unas determinadas condiciones de humedad y de frío para crecer», cuenta Jorge Membrado.
En Trufas Borrás, una empresa dedicada al envasado de este preciado hongo, también saben cómo ha cambiado un sector que hace unos años prometía mucho pero que se está perdiendo. «El negocio no tiene nada que ver con cuando lo empezó mi padre en la década de los 60 y 70», cuenta Eva Borrás, que desde hace diez años dirige la actividad tras fallecer su padre.
«Hace diez años podía ser la única fuente de ingresos, pero ahora tengo mis serias dudas de que sea así», añade Eva, que compagina esta faceta con otra actividad económica que le reporta su principal fuente de ingresos.
De hecho, admite que se dedica más al mantenimiento de la actividad que puso en pie su padre. «Tenemos los mismos clientes que ya tenía mi padre y que son de diferentes zonas de España». La ausencia de datos oficiales impide conocer qué cantidad de trufa se produce en Castellón y, además, advierte Joan Juan que «la trufa que va al mercado es la mitad de la que se comercializa» ya que mucha se compra directamente a los productores.
En cuanto a precios, en Morella se pagaba hace una semana por el llamado oro negro hasta 300 euros el kilo. La mitad del precio máximo alcanzado en la actual campaña, ya que poco antes de Navidad se pagó a 600 euros.
Fuente: Las Provincias
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