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Los abogados representantes de algunos familiares de las víctimas del incendio de Horta de Sant Joan sostienen que, antes de que el fuego les atrapara, los miembros de los Grups de Recolzament d’Actuacions Forestals (GRAF) de Lleida que perecieron en el siniestro permanecieron durante un tiempo –que podría llegar a una hora– sin medios que controlaran su posición desde el aire y sin el vigía, y posiblemente sin saber que esa era su situación. Tanto los medios aéreos como el vigía dejaron sus puestos por las condiciones meteorológicas y el repunte del fuego.
«No tenían ni aparatos aéreos sobrevolando la zona debido al fuerte viento ni se encontraba en su puesto de vigía el responsable del control meteorológico, que decidió irse cuando un sargento se lo recomendó al complicarse la situación», dijo uno de los abogados, Pau Simarro. Esa es la composición de lugar que se hicieron ayer los letrados tras escuchar la declaración que prestó el vigía del GRAF de Lleida, Andreu Caravaca, ante la jueza de Gandesa que instruye el caso.
Dos avisos
Caravaca, aseguraron Simarro y el otro abogado de las familias, Xavier Naiats, «avisó en dos ocasiones, a las dos de la tarde y minutos después, del rápido incremento de la intensidad del viento y del peligro que comportaba la evolución de una columna de fuego para el GRAF de Lleida». El informe oficial de los Bombers de la Generalitat con las transcripciones de las comunicaciones recoge los avisos de Caravaca, que alerta del aumento de las ráfagas de viento, aunque más tarde: a las 14.14 horas (con máximas de 40 km/h) y en última instancia a las 15.24, cuando los golpes de viento llegaron a 60 km/h: «Vigilad», dijo, según el informe. Estas transcripciones no concuerdan con la versión del letrado, que explicó que el vigía se fue antes de las tres.
En cualquier caso, sus avisos debieron ser conocidos por el control central, según razonaron los abogados, que no entienden por qué no se dieron a los GRAF de Lleida instrucciones firmes de retirarse sabiendo que Caravaca había dejado la zona y que los medios aéreos habían dejado de volar a las 14.30 horas, lo que en la práctica dejó a los bomberos ciegos ante la evolución del fuego. «Cuando finalmente les dice GRAF 01 de Bellaterra que si no lo veían claro se fueran ya no había por dónde escapar», argumentó Simarro.
La declaración de Caravaca ante la jueza que instruye el caso duró cuatro horas y media. En la entrada del juzgado esperaban pacientemente su turno el resto de bomberos citados, los GRAF de Barcelona y un sargento de la misma unidad, a los que acompañó en todo momento la directora general de Prevenció, Extinció d’Incendis i Salvaments de la Generalitat, Olga Lanau. En el largo interrogatorio, la jueza interpeló a los testigos sobre numerosos aspectos relacionados con la gestión del incendio el 21 de julio, cuando perdieron la vida los cinco bomberos.
El letrado Naiats destacó que falta aclarar si las víctimas sabían que no se estaban supervisando in situ las fuertes ráfagas de viento que acabaron creando un contrafuego mortal. Simarro insistió en que ningún mando dio instrucciones a los GRAF de Lleida. Por este hecho, que el letrado considera una descoordinación, Simarro considera que es «posible» que se acabe imputando al jefe de guardia del incendio, conocido como Delta Cero.
Pasadas las nueve de la noche terminó la declaración del sargento del GRAF de Barcelona Juan Herrera. Según Simarro, este reconoció que con las condiciones que se daban a partir de las dos y media de esa tarde «lo correcto hubiera sido evacuar», y añadió que nadie dio la orden. Herrera destacó que entre las dos y las cuatro y media Delta Cero, el jefe de guardia, no dio ninguna instrucción.
Fuente: El Periódico
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