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La Junta de Castilla y León no declarará la plaga de procesionaria del pino a pesar de la petición de los propietarios forestales de Valladolid de que se tomen medidas contra la Thaumetopoea Pityocampa Schiff en la provincia. «Los ataques son contundentes y tenemos por la campaña del próximo año, cuando los árboles van a centrar sus esfuerzos sacar hojas y no piñas y la campaña puede ser muy mala», señalaron a este periódico fuentes de la Asociación de Propietarios Forestales de Valladolid (Asfova).
Sin embargo, la Consejería de Medio Ambiente del Ejecutivo regional lleva todo el año trabajando para mermar los daños que pueda producir este insecto que se alimenta de las hojas del pino. Para ello, se han realizado en la provincia de Valladolid durante el presente año 2009 tratamientos que tienen por objeto mantener los ataques de la plaga en niveles cuyos daños «no sean apreciables».
En el pasado verano, además de la colocación de trampas y eliminación de los bolsones de algunas parcelas de repoblación, se efectuaron tratamientos aéreos en 2.373 en montes de utilidad pública dentro de los términos municipales de Cogeces de Iscar, Iscar, Hornillos de Eresma, Villalba de los Alcores, Nava del Rey, Tordesillas, Laguna de Duero, Simancas, Traspinedo, Villanueva de Duero, Sardón de Duero, Torrescárcela Montemayor de Pililla, Portillo, Medina del Campo y la propia capital vallisoletana.
A estos terrenos habría que añadir las medidas de tratamiento adoptadas por la Asociación de Propietarios Forestales de Valladolid, que fumigaron otras 907,6 hectáreas de pinos en las localidades de Torrescárcela, Aldeamayor, Valbuena de Duero, Sardón de Duero, Medina del Campo, Montemayor de Pililla, Vilanueva de Duero y Villamarciel.
Por regla general, los mayores daños se detectan al final del invierno, cuando la oruga llega a su máximo desarrollo y abandona los bolsones de las copas de los pinos para crear las largas procesiones que se suelen ver en los pinares y enterrarse para formar la crisálida debajo tierra hasta emerger como mariposas en el verano siguiente o cuando las condiciones climáticas y de alimento sean las apropiadas.
No obstante, las temperaturas suaves que se han venido dando en el otoño, junto con la disposición de alimento han provocado que el insecto haya podido completar su ciclo biológico y que, como está sucediendo estos días, la oruga ha llegado en «un tiempo récord» a su desarrollo máximo produciendo, además, unos daños muy superiores a los de un año normal, según matizan desde la Delegación Territorial de la Junta en Valladolid.
La procesionaria es un insecto que se alimenta de las hojas del pino siendo en la actualidad el mayor defoliador de los pinares vallisoletanos, produciendo los mayores daños en estado de oruga coincidente con la época invernal. Es por lo tanto una de las pocas plagas forestales que tiene su mayor actividad en el período más frío y no en primavera-verano como la mayoría de los insectos.
Feromonas. El tratamiento contra esta conocida plaga mediterránea se basa en la colocación de trampas de feromonas (atrayente sexual de los machos) con el fin de controlar la población y sus ciclos biológicos, siempre que el nivel de infestación no sea muy elevado, el tratamiento mecánico eliminando los bolsones de invierno en árboles dispersos y de pequeña altura, y el más generalizado que se realiza al final del verano, que es el tratamiento químico masivo aéreo con productos muy selectivos, unos provocan en la oruga la inhibición de la muda (ésta pasa por 5 cambios de muda) y muerte por desecación y otros están compuestos por parásitos de la oruga que ésta ingiere y terminan destruyéndola.
Fuente: El Día de Valladolid
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