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Cuatro meses. Ese es el tiempo que falta para que Mérida cuente con su primera planta de biomasa. Este será el lugar en el que se haga la gestión integral de los restos vegetales de las podas que ahora se depositan en el Ecoparque. Estos restos se transformarán y se aprovecharán para combustible, biocombustible o abono orgánico.
La planta se comenzará a construir a finales de esta misma semana. Se levantará en una parcela de unos 6.500 metros cuadrados que está situada en el polígono industrial El Prado, justo al lado del Centro Especial de Empleo La Encina.
La empresa que ejecutará las obras, con la que ya se ha firmado el contrato, es la compañía emeritense Jesús Hernández, y su presupuesto asciende a 265.727 euros. Este proyecto se ha incluido dentro de los fondos del II Plan E.
Según explica la delegada de Urbanismo, Estrella Gordillo, durante la ejecución del proyecto se crearán cuatro puestos de trabajo. Y una vez esté construida la instalación, su explotación y gestión supondrá la creación de otros cuatro empleos estables fijos, puestos que ocuparán personas con alguna discapacidad psíquica, física o sensorial. «Esta planta es una de las apuestas del Ayuntamiento por las energías limpias y renovables, por lo que ya se hace muy necesaria», explica la portavoz municipal.
Ayuntamiento y particulares
Francisco García, jefe de sección de obra de la Delegación municipal de Urbanismo, explica que estas instalaciones podrán ser utilizadas tanto por el Ayuntamiento como por particulares. Para ello, se pretende realizar la recepción de los restos de masa vegetal de espacios públicos y privados, así como residuos de empresas, carpinterías e instalaciones similares. Por eso, será necesario instalar en los próximos meses un punto de recogida de residuos vegetales que, seguramente, se hará de carácter obligatorio a través de una ordenanza municipal.
Los responsables de la planta han estimado que estas instalaciones recibirán, al año, entre 800 y 1.200 toneladas de residuos vegetales. «Aunque con el paso del tiempo la cantidad será mayor, ya que la ciudad tiene cada vez más parques y jardines y viviendas con zonas verdes», sentencia García.
Cuando se reciban en la planta los restos vegetales de poda y siega, se tratarán para reciclarlos y transformarlos. Así, se producirá biocombustible sólido y abono orgánico, también llamado compost, en forma de pellets. Este material servirá después para abastecer calderas o estufas de biomasa, en forma de biocombustible, o para enriquecer parques y jardines como abono orgánico. El material que no se utilice en ninguna instalación municipal se pondrá a la venta para quien quiera adquirirlo para su uso.
El pellet es el residuo procedente de la limpieza forestal y la industria de la madera que se tritura y se convierte en virutas. Son prensados en forma de pequeños cilindros, ecológicos, de gran utilidad y evitan la tala de árboles para la calefacción. Los restos de la masa verde de la ciudad están considerados en la actualidad como residuos, no combustible renovable o abono. Esto dificulta la reducción del consumo en combustibles fósiles, impide el reciclaje de esta materia orgánica y aumenta el volumen de kilos arrojados al vertedero, que es lo que se quiere evitar.
Fuente: Diario Hoy
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