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El incendio de Benirràs del año pasado proporcionó muchos ejemplos a la ingeniera forestal de la Dirección general de Biodiversidad, María Pol, de cómo, sin querer, a menudo le ponemos fácil al fuego su labor de destrucción, poniendo en riesgo nuestras casas e incluso nuestras vidas. En una conferencia ayer en el faro de ses Coves Blanques, la experta añadió que, ante el avance de las llamas, los forestales no se arriesgarán a intentar salvar una casa mal protegida si ello puede suponerles quedar atrapados. Por eso, Pol defendió la necesidad de dotar a las viviendas y urbanizaciones que se hallan en el bosque de una franja de protección contra los incendios.
Para las casas, la franja recomendada es de 30 metros en torno a la vivienda y, en el caso de un conjunto de edificaciones, se recomienda separarlas del bosque 50 metros. Además, Pol añadió que el camino de acceso a la vivienda debe estar desbrozado un ancho de 10 metros a cada lado. En el caso de las urbanizaciones en suelo forestal, el ancho desbrozado es el mismo pero se recomienda que dispongan de una vía de entrada y otra de salida para asegurar que una siempre estará disponible.
Explicó que, en caso de fuego, es preferible permanecer en la vivienda si se dispone de franja de seguridad y no intentar huir si el camino no está desbrozado.
Pol aseguró que establecer una franja de protección no implica erradicar toda vida vegetal. Al contrario, defendió que la mejor protección la proporciona «una feixa cuidada». El principio general es romper la continuidad de la vegetación (un árbol junto a un arbusto rodeado de hierba alta, lo que denominó «escalera vegetal») para crear «asimetrías» que rompan el avance del fuego. Incluso puede haber árboles, con una separación mínima de tres metros entre cada uno. Lo más importante, aseguró con numerosos ejemplos de lo contrario fotografiados tras el gran incendio del año pasado, es «que no haya contacto con la casa», porque una rama que llega hasta un porche puede llevar las llamas al interior de la vivienda. «Desgraciadamente, ahora tenemos muchas más ejemplos», comentó aludiendo a lo sucedido en Morna hace algo más de una semana.
Asimismo, cualquier combustible como las pilas de leña o los depósitos de gas, debe estar alejado también de la vivienda. A su vez, es preferible enterrar los suministros, como la luz o el agua, y no dejar los tubos sobre el suelo, ya que en caso de fuego actúan como acelerante y, además, hacen más vulnerables a los que estén en la casa.
Es aconsejable evitar cerramientos de materiales inflamables como el brezo o los cipreses, e incluso a la hora de construir la casa es preferible optar por elementos más seguros como el cristal para las claraboyas frente a la fibra de vidrio o los plásticos. Comentó que los toldos de vela que ha examinado en Benirràs resistieron al fuego en casi todos los casos.
Para facilitar la lucha precoz contra el fuego, Pol recomendó disponer de un punto de agua exterior a la vivienda y separar de esta la piscina, lo que permite cargar agua en ella a los medios aéreos. «Los primeros minutos son fundamentales», aseguró, comentando que la mayoría de fuegos no pasan «de un breve en los diarios» porque se sofocan antes de que adquieran la dimensión del que se inició en sa Malacosta.
Una agente forestal que la acompañó en la presentación aseveró que, en este último caso, «el incendio tenía las características para ser lo que ha sido», dada su virulencia y la rapidez con que avanzó. «Cuando adquieren esta dimensión, solo puedes prever por donde irán para atajarlos, pero no te puedes acercar y solo lo atacan directamente los medios aéreos».
En opinión de Pol, en Ibiza la principal característica de riesgo es la presencia de casas y urbanizaciones en los bosques, lo que se denomina «interfase», y presentó un mapa de riesgo en el que se constataba que la zona quemada en el incendio de Sant Joan estaba en peligro alto de sufrir un fuego.
El abandono del campo y de las tareas de recolección de leña y carbón, con un bosque denso y continuo, además de la elevada presencia de vehículos en el monte suponen otros factores de riesgo. Fruto de todo ello, aseguró, Ibiza es la isla que ha registrado los peores incendios en Balears en los últimos años.
En la charla se desmintió que esté prohibido talar árboles, sino que debe hacerse con autorización. Previa solicitud, agentes forestales visitarán la finca y aconsejarán cuáles son los más adecuados, hasta un límite de ocho metros cúbicos. A partir de ese volumen, la solicitud se grava con una tasa de 11 euros y el informe forestal es algo más exhaustivo. La excepción está en el caso de las franjas de protección que, aunque superen los ocho metros cúbicos, se pueden acometer sin límite bajo el asesoramiento de los agentes de Medio Ambiente.
También está prevista la autorización para la recuperación de un terreno para cultivo, aunque haya sido tomado por el bosque en la actualidad, y en este caso los agentes examinarán la finca para comprobar que efectivamente se cultivó y aconsejarán cómo desbrozarla. Las tierras de cultivo dificultan el avance de las llamas, por lo que Pol las consideró un elemento a potenciar.
Diario de Ibiza
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